Con el corazón en la mano y esa ansiedad de adolecente, te espero tomando café. Levanto los ojos de ves en cuando para que entre cientos de extraños poder encontrar tu mirada. Pasan los minutos y las horas, el café se enfría y la tarde cae. El corazón se acelera y te confunde a lo lejos. Donde estas, como te llamas quien es la dama que mi alama ruega amar.
Un café mas, una canción y un suspiro. Mañana, quizá mañana, el destino jugué a mi favor y te tropieces en mi vida de nuevo.
domingo, 17 de abril de 2011
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