Salimos con temor ese día, no nos conocíamos y si bien habíamos conversado un par de veces,no habíamos sido más que esos amigos que conversan de todo pero nunca de sus corazones. La vi, me vio, ella tan bella y yo un poco triste. Tomamos café y le tome de su mano. Abrí mi corazón y le conté mi historia, después yo escuche la suya.
Ese día nos sentiamos cercanos y al acabar la noche nos comimos a besos en el portal de su casa. Tan mía, tan bella, tan mujer. El frio me hacia abrazarla y la radio siempre complice tocaba baladas de amor. Le di un último beso en su nariz y le dije, el te esta esperando. Bajo, me sonrió y un par de lágrimas corrieron por mis mejillas. Arranque el auto tratando de perderla en el retrovisor pero al final la sentía ya en mi pecho.
La he vuelto a ver algunas veces siempre tomada de su mano. Nos quedan las miradas cómplices, los besos de aquel día y la sensación de un grito desesperado que dice: no te vayas y al mismo tiempo dice perdón amor, por no ser libre.
miércoles, 16 de junio de 2010
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quedará mucho más que miradas cómplices y tiernos besos... cuando algo es sincero se siente,no la juzgues por no ser libre; valora el corto tiempo vivido y lo que te pudo haber entregado en un beso, en una caricia y en una mañana...
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