11 de Octubre 1492.
Esta noche, llueve sin cesar y el marinero de alado ronca agotado por su trabajo. Me es difícil conciliar el sueño en esta galera, la cama es pequeña y no da espacio para que mis angustias se estiren y dejen de pensar a la que jamás me quiso.
He pensado dejar de escribir. Quiero dejar de dar vueltas a este asunto, quiero volver a sonreír y dejar de pretender que tengo fe en este viaje.Subiere al mástil, así quizá despeje mi cabeza. Trataré de contar estrellas y mirar al horizonte por una respuesta. Me llamo Santiago pero me he cambiado el nombre a Rodrigo. Si solo Dios me diera una señal calmaría mi corazón y dejaría de tener esta angustia en mi pecho.
Esa noche Santiago subió al mástil, dos horas después de las 12 de la noche del 12 de octubre, el llamado Rodrigo de Triana gritaba tierra a la vista. Ese día un nuevo mundo había sido descubierto.
Santiago entendió: Dios siempre escuchó mis ruegos, solo esperaba el mejor momento para dar una señal a mi y a 20 hombres más que escogieron este barco para llenar sus almas con una aventura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario