Jonas había atravesado el mundo para llegar a la montaña donde podría hablar con Dios. Al verla un suspiro le dio aliento y comenzó a escalar con la convicción que solo tienen los que conocen la fe. Llego al pico de la misma y al sentarse en una roca exclamó: Oh Dios te doy gracias por los favores concedidos y por haber puesto a mi alma al fuego, para que se forje el acero de mi ser.
Espero algunas horas y no tuvo respuesta. Solo las nubes jugaban coquetas sobre su cabeza, el sol iluminaba su rostro y los pájaros le cantaban al oído. Decepcionado bajo al templo de Buda e increpó a un anciano. Por que dicen que Dios habla en esa montaña, si al final no lo he escuchado? El anciano respondió: Dios algunas veces habla con el canto de los pájaros, escribe en las nubes y abraza con el sol.
Jonas al escuchar estas palabras sintió como su corazón se estremecía y escucho dentro de su alma: No tienes que subir una montaña para que Dios te escuche, el esta en todas partes.
Jonas comprendió: Lo de la montaña fue por que Dios disfruta de acompañarnos por largos caminos hasta llegar a su encuentro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario