Esa noche sin embargo se sentía diferente, había visto a su próxima victima pero algo le impedía actuar. Quizá su figura perfecta, sur ojos penetrantes o esa sonrisa cauta, le hacían olvidar que la eternidad estaba en beber sangre y no en una mirada pasajera.
Ese noche paso cerca de ella pero el, invisible, solo pudo oler su perfume y guardar en su memoria aquel rostro que le complicaba su existencia.
Enojado regreso a su castillo. Con hambre y frustrado por no beber sangre. En el camino econtró a Vlad el empalador, el primer vampiro al que llamaban Dracula y este le dijo: Se de esa mirada de hambre. No de sangre sino de amar. La conozco al haber perdido a mi amada Mina. No huyas al encuentro de tu amada. Preséntate en la noche, amala sin morderla, y al amanecer deja que el sol lleve tus cenizas al viento. Es mejor amar por una noche y morir en la mañana que pasar una eternidad bebiendo sangre de amantes pasajeras.
Esa misma noche, Yanko volvía al pueblo. Esta ves no sería invisible. Se presentó y amó sin morder a la bella doncella que le había cautivado.
...Al amanecer, el viento traía consigo, las cenizas de un vampiro enamorado.
Excepto por una que otra falta ortográfica, alhaja el relato!...
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