lunes, 12 de julio de 2010

Bailarina.

Aquella noche bailabas como ángel. Te veía desde lejos del escenario e intentaba cruzarme con tu mirada. Me sentía hipnotizado con tus movimientos y no paraba de buscar tus ojos. De que color son? gritaba desde mi alma. Verdes, azules, grises quizá? lo único claro es que el mar entero estaba dentro de ellos.

Sentía fuego en tus caderas y vibraba con la sutileza de tu piel en cada movimiento. El tiempo se paralizaba en esos minutos, el aire era más denso alrededor de ti, las estrellas iluminaban tu rostro y yo quería comulgar mis temores con uno de tus besos. Al terminar la danza, tu cabello miraba al piso, tus pies descalzos querían más y tus manos apuntaban al cielo agradeciendo de alguna forma a la vida. El publico aplaudía de pie, yo lo hacía con mi corazón.

Aquella noche bailabas como un ángel, sostuve la última escena en mi mente y corrí a la Terminal acompañado de la lluvia. Tomé un tren sin saber su destino y me aleje de tus manos sin un adios. No importa donde termine este viaje, siempre que al cerrar mis ojos vea tu rostro y pueda decirte: vives en mi Isabela.

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