El primer emperador de China Qin Shi Huang Li estaba obsesionado con vivir para siempre. Envió a muchos de sus súbditos al sur para que encontrasen una pócima que le diera vida eterna. Al verse fracasado decidió crear un ejército de estatuas de arcilla para gobernar a los muertos. Alrededor de 500.000 personas trabajaron por varios años en la construcción de su tumba.
Un aldeano que trabajaba en el complejo funerario regresaba todas la noches a su hogar y con cariño jugaba con sus hijos y amaba profundamente a su esposa. El tiempo pasó y miles de años más tarde los descendientes del trabajador ahora construían edificios en la ciudad de Shanghái. Al anochecer uno de ellos besaba a su esposa en la frente y acariciaba su vientre esperando con amor a su primer hijo. El trabajador había vivido por siempre, en los corazones de sus hijos y descendientes, el emperador ahora era recordado pero vivía solo en libros de historia.
domingo, 25 de julio de 2010
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