La princesa mandó llamar al trovador y le dijo: he escuchado tus versos y desde ese día no hago más que pensar en ti. Al amanecer siento tus besos y en la noche siento el olor de tu piel. Como dejarte, si mis labios buscan los tuyos, para así calmar la sed de no tenerte. Mis ojos no miran sin ti y mi ser no respira sin tu aliento.
El trovador extrañado por la confesión dijo: Escribo al viento y a la soledad de mi vida. Ciertamente no amas mis huesos sino a los versos que escribo. Siéntelos esta noche,que te amen, besen y acaricien, al amanecer estaré junto a ti, para escribir en nuevos versos nuestra historia.
martes, 13 de julio de 2010
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