jueves, 22 de julio de 2010

Erik Thorvaldsson

Le decían el Rojo. Erik veía el mar desde su aldea vikinga. Su perro, su hacha, su escudo y el horizonte le acompañaban ese día de tristeza. Subió a su barca, estaba convencido que era lo mejor y partió en busca del sol.

Meses más tarde llegaba a una tierra nunca vista, los nativos tenían cabello largo, no tenían barba y comían algo que llamaban maíz. El y sus hombres se instalaron en la playa y en algunas noches, Erik miraba las estrellas por respuestas que no encontró en el cielo. Si bien había descubierto un continente, su corazón aun le dolía por ese amor que no fue real. Una noche regresó al campamento y una bella nativa le esperaba junto al fuego.

Desde ese momento su corazón volvió a latir y nuevamente partió a la mar. Esta vez viajaba junto a un nuevo amor que le acompañaría por siempre. Erik Jamás volvió a Noruega. Su camino siempre estuvo junto a un amor de tierras extrañas.

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