miércoles, 18 de agosto de 2010

Judío errante

Catafilo había sido condenado a vagar por el mudo por siempre. Durante siglos caminó por toda la tierra, aprendió las costumbres del mundo, conoció los corazones del los hombres y solo se quedaba en un lugar hasta conocer los sueños y aspiraciones de su gente.

Un día Carafilo entró en una iglesia y comezó a hablar a una estatua de San Antonio. Le contó que a pesar de los años vagando aun tenía mucho que ver y conocer. En cada esquina del planeta podía aprender algo. El dolor no estaba en vagar por siempre más que un castigo eso era una bendición. El sufrimiento estaba en no compartir lo que había aprendido. La estatua de San Antonio le tomó de las manos y le dijo: Esta noche me pondré de cabeza, con un poco de suerte pronto tendrás un amor.

Esa noche mientas regresaba a casa una mujer caminaba por la calle, el la miro, ella se tomo el cabello. Si bien no hablaron ese día, quizá era el inicio de un viaje de dos.

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