lunes, 23 de agosto de 2010

Separación.

Un sobre arribaba de oriente, su remitente había sido ya olvidado y su nombre prohibido en las fiestas del reino. Hace tanto que no se veían. Hace tanto que se habían dicho adiós, que Elizabeth no entendía porque ahora tenía que escribir. Ella ahora tenía una vida distinta y el seguro estaba bien, al final un pirata jamás sufre, jamás ama, jamás llora, se decía mientras abría el sobre. Dentro un mechón de pelo y una carta que decía:

Querida Princesa,

Cumpliendo sus deseos mis últimas palabras para usted fueron de amor y despedida. Enferme mi cuerpo por su ausencia y si bien todo habló en mi contra, sepa que le ame con mi vida y a pesar que los jueces de sus ojos me condenaron, jamás le hubiera hecho daño ya que le amaba con lo todo mi ser.

Mis hombres me repiten que jamás me quiso y de ahí su ausencia, su la falta de amor y su lejanía. Me marche lejos para que viva a plenitud su felicidad pero su presencia siempre ha estado en mis aventuras.

Hoy cansado de arrastrar el peso de su recuerdo y queriendo volver a buscar mi propia felicidad , le pido de favor y sin ofenderle: devuélvame mi corazón.

Suyo por siempre,

Jack Guillem.


1 comentario:

  1. Elizabeth entenderá con el tiempo que a veces tambien lastimamos con amor...Lo leo y lo leo y me conmueve profundamente el sentimiento que exorcisa el Pirata.

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