Ditta, un monje franciscano veía desde la puerta de la entrada de Worms en Alemania como uno de sus colegas llamado Martín Lutero, ponía una declaración de protesta contra el papa y la iglesia católica en la entrada de la catedral de esa ciudad. Esta declaración se convertiría más tarde en el principio de la creación de la iglesia protestante que no reconoce al papa como su líder espiritual.
Ditta estaba confundido, todo lo que había creído y aprendido estaba por morir y como no sentirse devastado si desde pequeño había considerado a la iglesia como su hogar, su vida, su todo, no había otro plan mas que el de morir y vivir en la abadía. Quizá pensó alguna vez en aprender a hacer cerveza o incluso aprender las lenguas muertas del bibliotecario pero no había otro plan sino amar y venerar a la religión católica que era su mundo.
Ditta no soportaba el dolor de estar en una ciudad que ya no creía en el papa y cuya fe se había transformado. Como poder convivir con desobedientes y hasta blasfemos que habían ido en contra de todo lo que el creía?. Desesperado comenzó a desear muy dentro de si: Quisiera estar tan lejos de este dolor y de esta ciudad, olvidarlo todo y comenzar una nueva vida. No tengo plan, no tengo objetivos, mi mundo se acabo el día que Lutero hizo esa proclama en la catedral que un día le dio abrigo a el y a todos los monjes de la comarca.
Su corazón le pedía calma, mientras su alma le gritaba que no se deje caer, su mente ya no pensaba y comenzó a caminar. Cada paso le alejaba más de su pasado y de todo aquello que le hacia sufrir. En cada salto la iglesia ahora pensaba de Lutero se veía más lejana y aunque en el corazón tenía el aroma de la ciudad al alejarse cada día sentía alivio. Camino por un poco más de tres años y en cada pueblo, ciudad y comarca que visitaba aprendía algo y hablaba de su fe a los paganos.
Llegó un día a un lugar que le decían desierto, le parecía extraño, había calor, arena, animales extraños llamados camellos y gente con toallas en la cabeza. Caravanas que arribaban y se ivan trayendo más objetos curiosos, desde juegos que llamaban de mesa, hasta gallinas gigantes llamadas avestruces y telas suaves llamadas seda. Ditta ya casí no pensaba en su pasado y si bien de vez en cuando soñaba con su iglesia sabía que solo debía caminar más para poder alejarse de su dolor que seguro quería seguir su paso.
Un hombre muy diferente a Ditta se le acerco, le dio agua y con una sonrisa le pregunto: Que haces por estas tierras tan extrañas para ti como tu para ellas? Ditta respondió: he caminado 10.000 millas, huyo de mi pasado y de aquel que rompió mis sueños al revelarse contra mi fe y mi iglesia. El hombre le dio más agua y le dijo: ven hermano ,duerme hoy en mi tienda, comprendo tu dolor, olvida a aquel que te ha quitado tu iglesia, al final como tu! somos más los que adoramos a ALA.
A veces cuando caminamos por caminos nuevos en busca de olvido, la vida nos sorprende enseñándonos que quizá no huíamos, sino viajábamos en busca de un nuevo lugar donde descasaremos el espiritu y al que llamaremos hogar.
lunes, 22 de marzo de 2010
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