miércoles, 17 de marzo de 2010

VANIDAD Y ESTADO.

Tenía 8 años cuando un general de la república que decían antes de ser militar quería ser cura, entro al cuarto de estudio de la casa de mis padres y comenzó a filmar un mensaje a la nación. Yo escuchaba desde la puerta semi cerrada, que la patria debía ser salvada y que por eso se debía luchar con las armas. El plan se fraguaba con mi padre que estaba listo con un jeep que estaba lleno de armamento para tomar un cuartel militar.

Mi madre sufría mucho y yo y mis hermanas no entendíamos muy bien lo que pasaba. Al final, el país se calmo y todo quedo en un casete de betamax que más tarde fue utilizado para gravar alguna película de bajo presupuesto en la casa de un amigo de la adolescencia.

La intención de mi padre y del general medio cura fue de principios, valor, honor, sueños de cambio, la conmoción interna sin embargo fue para satisfacer el ego de una pelea de un tal general llamado Razos y otro Biñeiros que por vanidad pusieron en juego a un país. Querían ver quien era más hombre . No podían ser diferentes a su amo, el presidente de esa época que puso su orgullo frente al futuro de un país.

Ahora al recordar las cosas vividas y ver como el destino de mi país aun se basa en decisiones que no vienen del conjunto del corazón y de la mente sino de lo que dicta el estomago y la vanidad humana, no hago más que pensar si estoy haciendo lo suficiente para que en 100 años el país que amo aun exista.

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