Hace algunos años, en el reino de la selva, se había hecho una nueva constitución. La Hiena se había convertido en el rey y si bien era muy inteligente, astuta y había estudiado en el extranjero actuaba como una adolescente e insultaba a todo animal que estaba en contra de ella.
La hiena había nombrado al orangután como canciller a pesar que nunca había sido diplomático. En planificación puso al Asno que nunca había trabajado, pero era joven y aprendería de sus errores a costa de todos los animales, a cargo del ejército de gorilas puso al mapache que jamás había peleado, a la Marina de Patos les puso a cargo de encontrar trufas debajo de la tierra a pesar que este trabajo había siempre sido de los cerdos que eran haraganes y corruptos pero sabían como encontrar estas delicias. Para la seguridad interna puso a cargo a un perezoso que regresaba de un largo viaje , a las águilas les puso a cargo un cóndor ciego que no tendría mayor trabajo ya que no había muchas águilas en el reino y así de manera general se daba la misma situación en todos las instancias del nuevo régimen.
El congreso de la selva estaba presidido por el amigo de la hiena, el borrego, que lideraba a muchos otros animales que actuaban como una manada de Zuricatas a pesar que había también hipopótamos, bagres, cocodrilos y demonios de tasmania.
La justicia estaba a cargo de los mismos viejos babuinos que solo mostraban los dientes pero nunca actuaban. Las elecciones siempre estarían a cargo de una guacamaya con cara de inocente, que siempre repetía lo que decía la Hiena y era algo así como un zombi sin personalidad propia.
En general, para ser parte del gobierno animal se requería dos cosas: ser amigo de la hiena y darle su lealtad total, no importaba si después la hiena les botaba de su gobierno, al final ya les había pagado con muchas bananas, casas en los árboles y enviando a los monos a que les acicalen gratis.
En el reino las cosas no estaban muy bien, pero al final la Hiena sabía como cautivar a los animales, Nunca Olvidar al León! Gritaba!. El León había muerto hace tiempo pero el lo comparaba siempre con un tirano. Nunca OLVIDAR!, seguía diciendo, Al Gorila que fue derrotado o al presidente Ganso o al Macaco que solo contaba bromas y no sabía gobernar. Nunca más! hacer contactos con los humanos que destrozarían la selva. Nunca olvidar aquella vez que las Gaviotas habían invadido su río para matar a la ardilla, esto NUNCA MAS! Claro que la hiena no aclaraba que las gaviotas entraron al río mientras los gorilas pedían más bananas y que la ardilla era el jefe de un grupo de roedores que se dedicaban clandestinamente a robar los huevos de las aves.
Buitres y Serpientes también eran parte del gobierno pero eso no sorprendía, habían sido parte de todos los gobiernos y ocultaban su verdadero corazón con sonrisas, adulos y aparente sumisión. Decían, sí! a toda idea de los animales de turno, a pesar que sabían algunas eran absurdas e inaplicables y claro parecían muchas veces muy inteligentes ya que jamás dejaban de leer y repetir lo que el Wall Selva Journal decía, pero claro, cambiando el contexto en función de a quien se lo decían.
En un día de crisis, los gorilas protestaban por más bananas, los buitres y serpientes conspiraban apoyando a una pantera que antes daba noticias y la falta de tecnología de los humanos sumía a la selva a depender de vender su madera, un chimpancé conversaba con su amigo lagartija. El tema, era la situación actual y se quejaban sobre porque los animales menos preparados manejaban el futuro de toda la selva.
Una anciana tortuga que pasaba por ahí se les acerco y al escuchar la conversación les dijo: Queridos amigos, la selva se maneja por los menos preparados porque hay que reconocer que tienen algo que les impulsa, su ego, su ambición y sus complejos. Es hoy así, fue así y si el futuro ha de cambiar, la selva necesita animales que dejen de hablar y comiencen a actuar.
miércoles, 24 de marzo de 2010
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