El flash de su mirada invadió la mente de Tiago. El se apresuró a enviar un mensaje desde su celular, para aquella mujer con ojos profundos. Habían salido una sola vez pero le era difícil olvidar sus manos y su sonrisa perfecta. Su voz se había clavado en su memoria y cada día le enviaba un mensaje que describía lo que sentía “Besos en esta noche fría” envió una vez. Ella respondía, la noche es hermosa y la luna es bella. El volvía a escribir de inmediato y su mensaje decía: Mi alma te extraña y siempre pienso en ti. Ella contestaba: Te envío un beso por ser como eres.
Al final los dos se necesitaban pero ninguno hacía nada para encontrarse. Habían pasado meses desde aquel día donde ella durmió en su pecho y él le confesó su corazón. Nunca se habían besado pero no importaba, aquella noche los dos veían la misma luna y sus corazones estaban entrelazados.
Ella le enviaba amores desde el rio que conducía al gran amazonas y él oraba desde la ciudad, para que siempre sea feliz. Quizá algún día podrían estar juntos, si solo pudieran decidir limpiar sus corazones del pasado y mirarse de nuevo para jamás separar sus vidas.
Ellos suspiraban al cielo en aquella noche de luna y mientras se escribían sus ángeles de las guarda se decían: Que poco prácticos estos dos enamorados, deberían dejar de utilizar la tecnología y llamarse desde sus corazones. Quizá deberíamos sugerir en sus sueños que se miren de nuevo y en algún lugar se encuentren en un tiempo cercano. Ojala estos dos vacíen sus corazones con un abrazo, una mirada y un beso interminable. Seguro serían más felices que esta noche de luna, donde están solos, cargando este amor platónico y sus suspiros son su única compañía.
domingo, 28 de marzo de 2010
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