En un invierno no tan frío, mi avión se detuvo en la ciudad de Ámsterdam por 14 horas. Como muchas de las personas que arriban a ese aeropuerto, uno de los más grandes del mundo, bajan a la ciudad queriendo ver los canales, las calles angostas, las pintorescas casas y las famosas vitrinas.
Tomé un tren que me llevaría a la ciudad desde la Terminal área y un hombre me preguntó: Este es el tren que va Ámsterdam? yo conteste: CREO QUE SI!. Llegamos a la ciudad y comenzamos a recorrerla, el era un ingeniero de sistemas que regresaba a casa desde Arabia Saudita donde el era, mientras yo me consideraba un idealista que viajaba a China para corroborar si era cierto, aquello de que solo se necesitan 7 días en ese país para escribir un libro.
Al final del día nos hicimos muy amigos regresamos a la Terminal de Shipol, el tomo su vuelo yo el mío, lo más seguro es que jamás volvamos a saber el uno del otro. Seguro el esta con su familia en Estados Unidos y yo pues aun con mis sueños de cambiar las cosas.
Lo interesante de esta historia es que no importo que yo sea cristiano y el musulmán, que el vaya a Estados Unidos y yo a China o que yo adore la cerveza y el solo tome café, sino que la globalización hace mucho más por las personas que por la economía y seguramente mis nietos veran un mundo totalmente unido.
martes, 30 de marzo de 2010
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