Se llamaba Karina, estaba en el mismo barco que nos llevaría a América. Dos desconocidos en un viaje que nos acercaba a casa. No, hablamos en los 21 días que el barco se demoró en llegar a Nueva York pero 4 horas antes que el capitán diga bienvenidos a América se acerco y me dijo: Te vez triste viajero porque tus ojos no brillan y tu cara parece no presentir la brisa. Abrí mi corazón y le conté que el amor me envenenaba cada día con recuerdos. Mi vida perdió el rumbo el día que llego una carta donde mi amada me dejaba por siempre le dije. Durante 4 horas le conté lo que sentía, todos mis dolores, temores y porque partí en este viaje que no sería más que una aventura para encontrar un porqué que me conduzca a un cómo.
Karina era una desconocida pero me sentí contento, cómodo y abierto para compartir mi alma en ese momento. Ella escuchaba atenta y aunque mucho más reservada me compartió sus penas y sus decisiones y todo el camino recorrido hasta tomar aquel barco que le llevaría de regreso a casa junto a su hija que era su mundo y que llenaba de ilusión a su vida.
Llegamos al muelle, ella tomo su maleta yo la mía, pise la tierra que me daría un nuevo mundo y Karina fue donde su hija que le esperaba junto a su hermana con una rosa y un interminable abrazo.
Nunca más volví a verla sin embargo fue una gran amiga por siempre, aun le hablo en interminables charlas imaginarias y aun recuerdo su sonrisa al despedirse.
A veces se cruzan en la vida personas extraordinarias que abren nuestra mente y corazón con pocas palabras, supongo que antes de llegar a este cuerpo que envejece con cada respiro, Karina fue mi amiga en el Barco que partió con nuestras almas del cielo a la tierra hace ya 35 años.
domingo, 21 de marzo de 2010
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En donde te hubiese encontrado, estoy segura que volvería a ser tu amiga, y te escucharía interminablemente. Cada frase, cada palabra y cada suspiro , fue una melodía de amor.
ResponderEliminarEl tiempo fue corto pero nuestras palabras estarán eternas