Corro apresurado no vaya a ser que me alcance su recuerdo. Mi cuerpo me dice para, pero no, un no, no estoy listo. Aun siento su perfume en mi piel y el sabor de sus labios en mi boca. Aun escucho su voz y hasta su mirada aun es la mía, aun no debo parar aunque deje mi vida en este parque que me ha visto llorar y reír.
Ahí, en la esquina esta el árbol donde alguna vez corte una flor para ella y ahora el mismo me da la espalda como si yo hubiera cometido un crimen. Esto se acaba hoy y lo hare corriendo pero jamás huyendo. Cada paso me aleja del recuerdo y si mi corazón palpita más rápido ya no es por amor sino por la emoción de estar más lejos. Esta carrera hará que te quedes fuera de mi alcance, distante en cada kilometro, en cada calle y en cada paso que recorra.
Muchas veces corremos para ser más rápidos que la melancolía que insiste en seguir nuestros pasos.
sábado, 27 de marzo de 2010
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