Te vi, te bese, te abrace. Culpe a la luna por tanta pasión y a mis manos por no detenerse cuando tú lo pedías. Mis labios tocaban tu cuello y mi corazón te pedía que dejes la envoltura de tu ropa. No pensaba, te sentía. Tú, la hermosa dama que tiene dueño, pero que en aquellas noches de frío confortó mi alma. Fue Bueno amarte a pesar que tu cuerpo le pertenece a otro. Por qué este deseo? si mi alma no quiere compartirte y no quiere mirarte en silencio.
Está bien, lo comprendo, no es el momento. Quizá nos volveremos a ver pronto, quiza sin aquel otro, quiza cuando tu seas libre y yo haya matado mis recuerdos. Ese momento, cantaremos al viento mil te quieros, que serán siempre menos dulces que estos besos clandestinos que en esta noche calman mis ansias y me hacen ver que quizá el pecado es lo mas dulce que siento.
lunes, 29 de marzo de 2010
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