domingo, 21 de marzo de 2010

El Uniforme.

Ares solo tenía 14 años cuando al igual que todos los adolecentes de Esparta regresaba a casa después de un largo período de entrenamiento. El estar lejos le serviría para convertirse en un guerrero de honor, orgulloso de su historia, de su sangre y de sus padres. Al llegar al pueblo había una conmoción, el oráculo había ordenado cambiar las insignias del ejército que desde hace mucho tiempo había representado a los espartanos en batalla.

Si bien era un cambio no significativo, para muchos los símbolos representaban todo lo que significaba ser un guerrero. Atlas el general de las tropas estaba de acuerdo con la medida mientras Ares pensaba: Acaso si el sol fuera azul sería sol? O si La flor se llamaría polvo podría oler igual? Acaso el uniforme que usaron nuestros padres y abuelos ahora no sirven por un capricho de ancianos deformes que se auto dicen sabios? Al final cambiaron las insignias y Ares dejo Esparta para pelear con la armadura de su padre en otro país. Poco después Esparta fue invadida por Roma y sus constumbres eran consideradas demasiadas exóticas por lo que fueron vistas como un buen atractivo turístico, para visitar desde la civilizada Roma.
2000 años más tarde muchachos de un colegio militar de un país tercermundista protestaban porque los generales de su ejército no les consideraban dignos para utilizar el mismo uniforme que los oficiales, eran demasiado jóvenes e irresponsables para una envestidura tan alta. Al final la tradición de casi 100 años se rompió. Con el uniforme otras tradiciónes se rompieron, el honor y la lealtad. Desde ese año el ejército pensó más en política que en país, de manejar un sable manejaban negocios y en vez de pedir un país digno, pedían mayores salarios.
No cabe duda que si Mandela se hubiera llamado Hitler o Veintenilla Bolívar las cosas hubieran sido distintas. Ciertas tradiciones hay que cuidar por siempre.

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