Un alma había salido a pasear por las calles de Lyon y maravillarse de nuevo del mundo de los vivos, había tantos colores, tantos olores, personas con quien reír, así que el alma se sintió satisfecha.
Al llegar la noche, en el parque central donde olía siempre a chocolate vio a una joven que había perdido el amor por la vida. Se lamentaba de lo perdido, de lo inútil que se sentía, del dolor de estar sola. El alma le tomo las manos y le dijo amiga: veo tu pesar en tus ojos, regresemos juntas al cementerio donde los hombres no hacen daño y el llanto así como el dolor son solo para los vivos.
Estar vivo o ser un alma depende mucho de cómo percibimos a la vida, a pesar del dolor la vida siempre, con o sin nosotros continua.
martes, 16 de marzo de 2010
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