Ayer mi cuerpo te extrañaba, las lágrimas salían sin razón y mi alma estaba agitada buscando tu nombre. Sentía tus manos y te gritaba vuelve. Mi vida regresó al pozo del recuerdo y te esperaba sentado en la vereda de mi vida. Caminé por las calles de esta maldita ciudad y entre la gente comencé a verte.
Vi tus ojos en cada niño y sentí en el rostro de los ancianos tu lejanía. Volví a morir como aquel primer día ...al fin ya no importa, ya no, después de todo aunque aun te acurrucas en mi mente, mi corazón sabe que este dolor fue de ayer.
viernes, 26 de marzo de 2010
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