Dos perros caminaban por las calles de París comentando lo afortunados que eran sin tener dueño. Podían hacer lo que quisiesen, jamás serían retados, no les asfixiarían con una cadena y podían encontrar manjares en los basureros de los ricos.
Llego el invierno y uno de los perros murió congelado mientras el otro titilaba , cerca de la tumba de Napoleón. Un ángel que pasaba por ahí miro al perro y dijo: Querido hermano, hoy pareces un emperador y al igual que el, el invierno te ha vencido y morirás en soledad.
viernes, 12 de marzo de 2010
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destaco mucho la menra tan sencilla de tratar temas tan universales. Son narraciones y reflexiones a la vez
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