En una cena transilvana, el Conde Drácula, Frankestein y el hombre lobo, discutían acaloradamente. El conde decía: los humanos no entienden que yo asusto a la gente y tomo su sangre porque el dolor de haber perdido a mí amada Mina es devastador. Fue una ingrata recompensa por mi lucha en las cruzadas.
El monstruo de Frankestein se quejaba amargamente porque lo único que le pidió a su padre es que le construya una novia ya que su soledad le hacía violento.
Finalmente el hombre lobo dijo: Ustedes tienen suerte ya que tú conde conociste a Mina y tú monstruo puedes tener una mujer construida, mientras yo, solo puedo acabar mi maldición cuando mi amada gitana me dispare con una bala de plata.
Igor que esa noche hacía de mesero, se rascaba la cabeza y se preguntaba: Como es que mis amos de las tinieblas sufren tanto por amor y así mismo los aldeanos del pueblo lo hacen por la misma causa. Quizá no hay mucha diferencia entre estos demonios con los hombres a los que atormentan.
lunes, 12 de abril de 2010
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