La conocí en un viaje por la provincia de Guandong, cerca del imperio de Manchuria. Era una comerciante de productos exóticos. Hablaba las lenguas occidentales y por eso pudimos hacernos amigos. Compre algunos de sus productos y hasta hice un pequeño pedido de lámparas chinas de papel que duraría meses en arribar a América.
Su Nombre era Tianfu que significa suerte en mandarín. Por algún tiempo intercambiamos cartas y compartimos nuestros sueños y secretos. Al regresar a mi país, mi corazón se rompió por circunstancias que ya no es bueno recordar. Envié una carta a Tianfu y le conté mi desdicha. Ella simplemente contesto: Querido viajero, Una Perdida Jamás Regresa.
Cuan sabia fue la comerciante y que suerte fue encontrarla en mi camino.
martes, 6 de abril de 2010
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