El joven Marco Antonio de 25 años ya no lloraba ya no habían más lágrimas. Su amada Pítia le había abandonado y esto le partió el corazón. Ella era su mundo entero y la consideraba más grande que minerva y afrodita. Se había alejado de sus amigos y ya no enviaba cartas a las doncella de Roma y no había ninguna esclava a quien quisiese ver. Ya no importaba ser parte de la legión Romana, ni ser parte del senado ya que sin Pitia el estaba perdido.
Se preguntaba cómo había pasado esto. Para él, ella era su luna y sol, su alfa y omega, su diosa a la cual veneraba con cariño, detalles y trabajo. Se imaginaba siempre de su mano entrando a Roma para ser nombrado emperador, sitiándose feliz en complicidad solo con ella. Como es que ahora el ya no era nada importante. Marco Antonio, muriendo de a poco pensaba: mi corazón jamás volverá a amar.
Su amigo Cayo Claudio se le acerco y viéndole afligido le dijo: deja de soñarla si no está en tu vida es porque los Dioses te reservan un amor mucho más grande y real. No como esta aventura que muere de una forma tan frágil, intrascendente y violenta. Levantate, cumple tus sueños y sigue tu destino.
Años más tarde Marco Antonio se quitaba la vida al ver que su amada Cleopatra estaba muerta por el veneno de la serpiente. Los dos serían enterrados juntos y ahora sus espíritus se amaban en la eternidad. Cayo Claudio tenía razón los dioses le reservaban un amor verdadero .
viernes, 2 de abril de 2010
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