viernes, 9 de abril de 2010

La llamada.

Tomás daba vueltas en su cama. Había pasado tanto tiempo. Todo había sido tan violento, que que no entendía como es que podía extrañarla esa noche. Ni si quiera sabía su número telefónico lo había olvidado desde aquel día que decidió no volverla a ver.

Hubiera luchado un poco más quizá, pero la última vez que escuchó su voz, ella fue muy clara, directa y hasta un poco cruel. No, no, no era ella pensaba la que le dijo esas palabras tan duras y que le destrozaron el corazón; debía haber sido alguien más se metía.

No valía la perna se repetía, para que buscar su teléfono, para que intentar contactarla, debería cortarse la mano antes de hacerlo.

Al final, buscó por toda la habitación su número y lo encontró en un papel bien metido en un cajón lleno de fotos y se puso a marcar. Cada número un suspiro, cada segundo una lágrima. Al conectarse la llamada, cerro, y sintió la piedra en el corazón que pensó ya no tenía.

Desde el cielo los ángeles veían la escena, tanto Tomas como ella estaban en las mismas circunstancias, intentando una llamada para solo decir un Como Estas!

Los Ángeles reían, tomaban cerveza y apostaban quien llamaría primero. Un Arcángel un poco más sabio decía: Que poco es el ser humano que no se da cuenta que el amor jamás debe ser reprimido por el orgullo.

Todos los ángeles perdieron, ninguno hizo la llamada, pero se encontraron esa noche entre sueños y suspiros.

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