Javier había estado muy enfermo. Le ardían las piernas, le hormigueaba la espada y le dolía su brazo izquierdo. Dormía poco y le presionaba el corazón en las mañanas. Sin cura tradicional, decidió ir donde un Shaman.
Había escuchado que el Shaman le escupiría alcohol, le pasarían una planta venenosa llamada ortiga, le frotarían con un huevo y finalmente le pasarían por el cuerpo un animalito llamado cuy que absorbería todos sus males.
Llego al lugar y el Shaman llamado Yachac comenzó el ritual. Los cuyes en una jaula esperaban su turno y al saber que morirían en la ceremonia, unos rezaban, otros trataban de despedirse de sus cuyes amados, mientras el más sabio solo decía: Si este muchacho sabría que esta enamorado y que la única cura es besar a su amada, quizá habrían menos cuyes muertos.
lunes, 19 de abril de 2010
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