domingo, 25 de abril de 2010

Desayuno.

Despierto y brotan las lágrimas. Ya no son los recuerdos, sino la impotencia de no hacer nada por el presente. Hablo con tu recuerdo y hasta le preparo un café. Come bien le digo, al final el desayuno es importante. Te extraño y pienso en miles de ideas que te gustarían y hasta sonrio ensayando tus respuestas. No te enojes pero estoy coqueteando con el olvido y quizá salga con una tal ya no te amo. Si bien al amanecer me alimento con lo que fuiste, hoy tengo ganas de cenar un nuevo amor.

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