El muro de Adriano separaba al imperio Romano con los bárbaros del norte, en la isla llamada Bretaña.
El consejo Romano había decidido. El muro de Adriano debía ser construido por la misma legión establecida ahí y no por ingenieros independientes que estaban listos para hacerlo de una manera técnica y mejor. Al final era solo cuestión de recursos, se necesitaba más coliseos y gladiadores para animar al pueblo, que hacer una nueva empresa que a pesar de tener técnica no era indispensable en ese momento.
El muro fue construido y si bien el muro resistió por algunos años, la falta de técnica en la construcción y la poca planificación, hizo que su mantenimiento sea tan costoso que al final bretaña fue dejada atrás y perdida como territorio romano.
Siglos después, el fantasma de Adriano veía que se había equivocado y le decía a su amigo Trajano: Que equivocado estuve en dejar esta obra en manos de ambiciosos, políticos en lugar de sabios constructores de sueños.
jueves, 15 de abril de 2010
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