El trovador cantaba a las afueras del palacio a una princesa. La había conocido en la plaza del pueblo y a pesar que el trovador era poeta, dejo de escribir a la vida para cantarle solo a ella. El trovador cantaba con el corazón y decía: No valgo nada sin ti. La princesa abrió la puerta del palacio y con un gesto brulon le despreció.
El trovador tomo su camino en silencio y antes de salir del pueblo, una joven se le acerco y le dijo: Querido poeta si nada vales sin ella, amo el silencio de tu nada. En ese instante el trovador volvió a cantar, tomo la mano de la muchacha y sonrió nuevamente.
El viento que acompañaba las tonadas dijo: Solo cuando los poetas sienten que hay algo despues del nada, pueden abrir realmente sus corazones.
miércoles, 14 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario