El famoso payaso Charlie Rivel no podía iniciar su acto, un niño lloraba y el público estaba más pendiente del niño que del artista. El payaso se acerco al niño para consolarlo pero el niño siguió llorando. Rivel fue al centro del escenario y se puso también a llorar desconsolado. Se acerco de nuevo al niño y al ver al payaso llorar el niño dejo de hacerlo se saco un chupete de su boca y le ofreció al payaso como obsequio y consolación, simplemente estaban juntos en el llanto.
Es importante saber que a veces, más que intentar consolar a alguien, es mejor compartir los sentimientos profundos, las lagrímas, las penas y las derrotas.
sábado, 3 de abril de 2010
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