Tito era un perro de la calle, pasaba frió, hambre y no pocas veces estuvo a punto de ser atropellado. Tito tenía una personalidad introvertida y sentía rabia cuando veía pasar perros con collares y de pedigrí. Se sentía un poco acomplejado y aprendía los trucos de los perros de casa, para sentirse que el podía ser mejor.
La jauría de la calle lo consideraba amigo, pero el siempre quería ser más. Un día, una dama rica pasaba por el lugar de la jauría y lo recogió. Lo baño, lo educo, lo alimentó y le dio cariño.
Un día tito se perdió en la calle y regresó a su antiguo vecindario. Cuando la jauría lo vio, Lucas, Pulgas, Petica y Quechimbo se alegraron de verlo. Sin embargo Tito les desprecio hablándoles con un acento extraño y preguntando si podían ir a buscar a su dueña. Tito se había convertido en perro de casa, ahora pregonaba ser de alguna extraña raza pura de la cual él era el único sobreviviente. Gracias a la jauría, Tito pudo regresar a su nueva casa y pensaba mientras dejaba el vecindario: Que poca clase tienen estos perros mestizos.
Al ver esto una paloma que pasaba por ahí movía la cabeza diciendo: Siempre es bueno no olvidar de donde se vino
jueves, 1 de abril de 2010
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